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¿La religión fomenta la violencia hacia las mujeres?

Tristemente uno de los principales catalizadores de la violencia hacia las mujeres viene de las religiones, ¿Porqué?
En la mayoría de las religiones (tal vez todas) las mujeres no son consideradas dignas de enseñar ni de asumir resposabilidades iguales a las de un hombre. Según muchas religiones una mujer debe someterse a un hombre y ser dirigida por un hombre. En algunas otras religiones las mujeres deben cubrirse parcial o totalmente el cuerpo, cabeza, cabello y en otras son mutiladas genitalmente. Desde el momento en que todo lo anterior se enseña desde el atril o púlpitro ya sea en una iglesia, sinagoga, etc. o como sea que les gusten llamar, se transmite la idea, sutilmente en ocasiones de que las mujeres son inferiores y que no deben ni pueden tomar decisiones, que son débiles y que tienen menos valor que los hombres por el simple hecho de ser mujeres y se les coloca en una posición de dependencia ante el varón.

No es de extrañar entonces que exista violencia hacia las mujeres en este mundo si esta es ejercida con el permiso de un “Dios” ¿no creen? Y por supuesto esta violencia es disfrazada de buenas intenciones detrás de una religión.

Les pongo un ejemplo o prueba al respecto de 2 Biblias diferentes:

Biblia “Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras” :
1 Coríntios 14:34   “Las mujeres guarden silencio en las congregaciones, porque no se permite que hablen, sino que estén en sujeción, tal como dice la Ley

1 Timoteo 2:11,12   “Que la mujer aprenda en silencio, con plena sumisión. No permito que la mujer enseñe, ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que esté en silencio.

Biblia “Reina Valera”:
1Co 14:34 “Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice.”

1 Timoteo 2:11,12   “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.”

Esos mensajes calan hondo en la psicología de las personas tanto de hombres como de mujeres. Una mujer en efecto puede llegar a sentirse inferior a un hombre, intimidada e incapaz de tomar decisiones. Un hombre por el contrario puede llegar a sentir que en efecto es su palabra la que cuenta y es su voluntad la que importa y tiene peso. No digo que todos lo interpreten así, pero en esencia el mensaje es muy claro.

Lograr un equilibrio en la sociedad y llevar a las mujeres a tomar liderazgo y control sobre sus cuerpos, mentes y vidas, definitivamente implicaría un cambio en las enseñanzas que son el cimiento de muchas religiones y personas alrededor del mundo. Por supuesto esto no sería algo fácil, no es conveniente para todos aquellos hombres que dirigen las religiones hasta hoy el permitir que una mujer llegue a ser su igual en ese aspecto.

Algo que debemos recordar es que la Biblia fue escrita por hombres y si quieres ejercer dominación sobre alguien no hay mejor forma de hacerlo que especificándolo como la voluntad de Dios, de esta forma ni las mismas mujeres se opondrían, claro, para quienes son religiosos por supuesto.

Pero fuera de los libros ‘antiguos’ que proclaman la inferioridad de la mujer no existe otro motivo que puedan dar de por que consideran a una mujer inferior. Intelectualmente no lo somos y físicamente somos competitivas, ¿Estariamos hablando entonces de una discriminación por sexo solamente? ¿Nuestro único error fue haber nacido mujeres y que quienes escribieron esos libros fueron hombres?

Porque creánme, cuando te liberas de esas ideas absurdas y como mujer tomas control de tu vida descubres que todo lo que te enseñaron de esos libros está equivocado!

4 Comments on “¿La religión fomenta la violencia hacia las mujeres?

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Tanto que tus palabras me inspiraron a comentarte con esta pequeña reflexión.

    Las religiones que actualmente cuentan con más adeptos se nutren de libros que fueron escritos hace cientos o miles de años. Cada uno de esos libros encierra la mentalidad de su tiempo: la noción de la vida y del pasar de los días que tenía la gente de aquel entonces. Resulta natural que esos libros incluyan, junto a esas ideas filosóficas sobre el lugar del ser humano en el mundo, toda una colección de prejuicios sobre el papel de la mujer y del hombre como géneros opuestos con una identidad específica. De hecho, esos libros sagrados incluyen prejuicios de todo tipo: ideas matemáticas y geográficas erróneas, ideas que la física actual superó hace mucho tiempo, ideas que la biología rechaza de plano, ideas sobre la alimentación que obedecía a las problemáticas que en su tiempo se enfrentaban los agricultores, etc, etc.

    Esos libros son espejos de su tiempo y, al haberse conservado durante tanto tiempo gracias al papel de las religiones, resultan muy instructivos para saber cómo era la mentalidad del ser humano durante la época en que fueron escritos. Si la inspiración divina estaba detrás de la escritura de alguno de esos libros sagrados, sólo podemos concluir que esa inspiración divina se rige obedeciendo respetuosamente la evolución cultural del ser humano a lo largo de los siglos.

    Sin embargo, querer leer esos libros actualmente, bajo los parámetros actuales, es un ejercicio de lo más inadecuado. Mucho más en una época como ésta, donde algunos admiramos la fuerza que va ganando el movimiento feminista o la importante crítica constante que se lleva a cabo en contra de las estructuras de dominación (siendo, al final de cuentas, el falocentrismo una de esas estructuras de dominación).

    Ante ese estado de cosas, las religiones se nos presentan como rancias estructuras de poder. Defensoras de valores superados, cimentadas en textos que responden a otras épocas.

    Las religiones se enfrentan actualmente a un importante impasse y presuntamente contesten de la misma manera en que lo hacen las instituciones de dominio: intentando inhibir la capacidad crítica de la mayor parte de los seres humanos. Intentar evitar que seres como tú se den cuenta de que no existe ningún fundamento detrás de la discriminación de género.

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